Un grupo de científicos rusos ha dado vida a una planta a partir de unas semillas que se encontraban en la guarida de una ardilla a -7º a 38 metros de profundidad bajo el permafrost, una capa de hielo propia de regiones como Alaska y Siberia.
La planta en sí es una Silene stenophylla, y su regeneración ha sido posible gracias al cultivo de tejidos de las semillas. Después de un año en el laboratorio donde fueron cultivadas, los ejemplares florecieron dando lugar a sus propios frutos.